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Pamplona: monólogos y mucho más que San Fermín

La capital de Navarra, la casa de San Fermín, la de las carreras entre toros y humanos, la llamada Pamplona, una ciudad del norte de España que ofrece mucho más que las internacionalmente conocidas fiestas de uniforme blanco y pañuelo rojo al cuello.

Pamplona debe su nombre al general romano Pompeyo, que estableció su campamento en dicho lugar en el año 75-74 a.C., transformándolo en permanente, dando lugar a una ciudad. Se ve que el hombre estaría a gusto y dijo: pues ya que estamos aquí, nos quedamos.

Después de Pompeyo muchos han sido los visitantes que han llegado a Pamplona, sirva de ejemplo un servidor, que llegó para visitar la misma un 7 de agosto del año 2012, encontrándome un calor sofocante que me sorprendió como individuo sureño que piensa que en el norte hace siempre más fresco.

El motivo principal de mi visita fue la participación en el concurso de monólogos Civican organizado por el Centro Sociocultural de la Fundación Caja Navarra, por lo que como el mismo no comenzaba hasta por la tarde noche, llegué al medio día, momento en el que se acercaba peligrosamente la hora de comer. Dejé las maletas en el hotel “Castillo de Javier”, donde la organización nos había reservado una habitación a los participantes. Se localiza en un lugar envidiable, la calle San Nicolás, muy próxima al centro de la ciudad y motivo por el cual seguramente el precio de la habitación sea más elevado que otros hoteles existentes en Pamplona. Aunque tal y como me dijo la recepcionista cuando le pregunté por un bar de pintxos low-cost: “Aquí no hay nada barato”.

Y bien que pude confirmar dicha afirmación. Pamplona no es barata y más si te encuentras en pleno casco histórico. Si a ello le sumas un individuo amante de la gastronomía y de probar cuantas más cosas mejor, en un lugar donde auténticas exquisiteces se ofrecen en las barras de cada bar, el resultado de la ecuación al despejar la X es complejo para un presupuesto como el mío.

Pero bueno, como se suele decir, un día es un día y tras hacer disfrutar a mi paladar, comencé una rutilla por la ciudad antes del inicio del evento monologuil, iniciando la misma desde la Plaza del Castillo.

La plaza la encuentras rápido, pero del castillo ni rastro. El nombre de la misma es debido al castillo que en el siglo XIV construyó Luis el Hutín (Luis X de Francia), rey de Francia y Navarra, y Conde de Campaña y Brie durante 1289 y 1316, siendo sustituido posteriormente por un castillo edificado bajo la orden de Fernando el Católico, el cual acabó siendo derribado tras las construcción de la moderna Ciudadela de Pamplona, de la que más adelante hablaré en esta entrada.

Actualmente, la Plaza del Castillo es lugar de encuentro entre los pamplonicas y visitantes con su multitud de cafés y bares. Su quiosco central fue construido en 1943 y a él acuden con frecuencia grupos de gaiteros o bandas municipales que invitan a escuchar música de la tierra. Acuden porque los contrata el Ayuntamiento, no porque tengan que peregrinar hasta allí. Aunque lo mismo alguno que otro ha dado un concierto por amor al arte al salir de alguno de los bares de la zona.

Muy cerca de la Plaza del Castillo se encuentra el Palacio de Navarra, edificio donde actualmente se encuentra la sede de la Diputación. Presenta dos fachadas, una más decorada (la que da al paseo de Sarasate) y la otra más sencilla (o que se les acabó el presupuesto, quién sabe).

Bordeando la Plaza del Castillo, dejando a tus espaldas el Palacio de Navarra, se llega a la calle más famosa de Pamplona: la calle Estafeta. A lo largo de la misma queda delimitado el recorrido del encierro durante la festividad de San Fermín y debe su nombre a que en ella se ubicó la primera estafeta de correos de Pamplona. A lo largo de la misma encontrarás el paraíso de los souvenirs con numerosos comercios, tiendas de recuerdos y bares donde seguir saboreando deliciosos pintxos, entre compra y compra.

Si seguimos el recorrido del encierro hasta el final del mismo llegamos a la Plaza de Toros de Pamplona. Junto a la puerta un cartel informativo te cuenta el origen de los encierros, del que ya te hago yo aquí un poquito de spoiler: en la época medieval, los toros para la lidia eran conducidos a través de las calles de la ciudad, momento en el cual, y a pesar de estar prohibido, muchos pamploneses se lanzaban a correr delante de ellos. Como cada año el transporte de los animales reunía más adeptos, finalmente se convirtió en la tradición que hoy conocemos. Cuatro que empiezan a hacer algo y al final se les va de las manos. Como la moda de los selfies.

Cerca de la Plaza de Toros, por la calle Roncesvalles se encuentra el Monumento al Encierro, obra del escultor bilbaíno Rafael Huerta. Esta escultura de bronce, de once metros de largo y cuatro de ancho, es lo más parecido a un verdadero encierro que el servidor que os escribe sería capaz de hacer.

Caminando por la calle Estafeta en dirección al inicio del recorrido, llegamos a la plaza Consistorial donde se encuentra el Ayuntamiento de Pamplona, desde cuyo balcón se lanza el conocido txupinazo que da inicio a las fiestas. El edificio actual fue construido entre 1753 y 1759 y su reloj fue instalado también en el siglo XVIII, siendo su maquinaria reemplazada en 1991.

La verdad es que la plaza Consistorial parece mucho más grande en televisión, por lo que dada la cantidad de gente que se aglutina aquí durante el txupinazo, el nivel de empujones tiene que ser mayor que en un concierto de ska.

Sin dejar el recorrido del encierro, comienza el descenso hasta el comienzo del mismo por la calle Santo Domingo, dejando a la izquierda la Iglesia de San Saturnino o San Cernin, iglesia-fortaleza que en su momento fue el centro religioso del viejo burgo, y donde se encuentra el Museo de Navarra ubicado en el antiguo Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia. En el sótano se muestran piezas de la prehistoria y la protohistoria, la primera planta está dedicada al arte romano, el arte medieval se distribuye entre la primera y la segunda planta, las obras del Renacimiento en la segunda y la tercer planta está dedicada a obras de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX.

A los pies del museo, en la calle Santo Domingo incrustada en la pared, hay una réplica de San Fermín. El verdadero está en la Iglesia de San Lorenzo, la cual no pude visitar al encontrarse cerrada durante mi visita. Se puede llegar a ella desde la plaza del Consistorio a través de la Calle Mayor.

Cerca de la parroquia de San Lorenzo está la Basílica de Agustinas Recoletas y justo enfrente de ambas, el Parque de la Taconera, el más antiguo y según dicen, el más hermoso de la ciudad de Pamplona. En él encontramos una amplia variedad de árboles, flores, un café vienés y monumentos, entre los que destacan el baluarte de Gonzaga, el revellín de San Roque y el monumento al tenor Julián Gayarre. Pero si algo llama especialmente la atención en este lugar es la variedad de animales que aparecen en el foso. Diversos tipos de aves y una familia de ciervos y gamos, corretean libremente por esta amplia extensión en medio de la gran urbe.
Sin lugar a dudas el parque de la Taconera es un lugar para pasear y relajarse entre su flora y su fauna. Me recordó bastante al Parque Łazienki de Varsovia o a la Isla Margarita de Budapest.

Continuando la travesía, caminando por la Avenida de Pío XII o por la Avenida del Ejército, se llega a la Ciudadela de Pamplona. Esta construcción se trata de un pentágono regular con 5 baluartes en sus ángulos, inspirado en la ciudadela de Amberes, y considerado como el mejor ejemplo de arquitectura militar del Renacimiento español y uno de los conjuntos defensivos más destacados de Europa.

Sus labores defensivas han sido sustituidas en la actualidad por actividades de ocio y deporte y el gran cinturón verde que la rodea, hace de este lugar el mayor pulmón de la ciudad de Pamplona.

De regreso al hotel pasé por la Iglesia de San Nicolás. Iglesia-fortaleza que en su día formó parte de las murallas de la ciudad, lo cual supongo que explica su estructura fuera de lo común.

Como aún restaban algunas horas hasta el inicio del mencionado certamen de monólogos, decidí continuar mi ruta cruzando de nuevo por la Plaza del Castillo, la calle Estafeta y descendiendo por la calle Tejería, llegando al Palacio Arzobispal.

Por la calle Dormitalería se llega a la Catedral de Santa María la Real, siendo esta probablemente, una de las catedrales con la fachada más sencilla que haya visto.

Continuando el paseo, mis pasos me llevaron hasta el Rincón del Caballo Blanco el cual supongo que debe su nombre al mesón que allí se encuentra. Desde este lugar se accede a las murallas de la ciudad desde donde se contemplan unas espectaculares vistas gracias a diversos miradores.

Finalmente mi ruta me llevó al Palacio Real/Archivo General, ubicado en la calle 2 de mayo. Este edificio fue la residencia de los antiguos Reyes de Navarra y actualmente reconvertido en Archivo General.

Justo al lado se ubica la Basílica de San Fermín de Aldana la cual destaca sobre los edificios de su alrededor, gracias al color amarillento de su fachada.

Regresé al hotel para una ducha y cena rápida (poco tiempo me quedaba previo a la actuación y además mi presupuesto mermado por el almuerzo atendía a la ecuación: no money = no pintxos).

El concurso de monólogos Civican tiene lugar cada año (en 2015 fue su V edición) en el centro Civican de la Fundación Caja Navarra, localizado en la Avenida Pio XII número 2. Tras una semifinal y la posterior final varios días después (con su correspondiente viaje de vuelta desde Frailes, Jaén a Pamplona), conseguí rentabilizar mi viaje consiguiendo el primer premio de esa segunda edición.

Pamplona es una ciudad cuyos principales intereses turísticos se encuentran muy concentrados, lo cual es de agradecer si no cuentas con suficientes días como suele ser mi caso.

¿Has estado en San Fermines? ¿Conoces rincones cercanos a Pamplona? ¿Que otras ciudades del norte de España recomendarías? Estoy deseando leer tus comentarios 🙂

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Soy un apasionado de los viajes y la comedia. Licenciado en Economía y Administración de Empresas, Máster en Marketing y Comportamiento del Consumidor y Máster en Dirección en Marketing y Gestión Comercial por ESIC Business & Marketing School, compagino mis trabajos en marketing, con shows de monólogos e improvisación.


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