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Fin de semana en Budapest II. Parte Buda

Tras el recorrido en la parte de Pest, el siguiente paso fue dirigirme a la zona de Buda. El primer destino fue el Monte Gellért que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.  El monte toma su nombre del Obispo Gellért, quien tuvo un importante papel en la difusión del cristianismo en Hungría en el siglo IX. Se dice que en el año 1046 fue arrojado por los paganos al río Danubio desde esta colina, metido en un barril o baúl (en estas cosas como siempre hay varias versiones). Por ello, en la ladera que da al río encontramos una gran estatua del citado Obispo.

A un lado de la colina se encuentra el Hotel Gellért, un gran edificio construido al estilo Art Nouveau que se inauguró en 1918. El hotel conecta con el Balneario Gellért, que utiliza las aguas termales que manan del  monte.

Justo enfrente del hotel, incrustada en la ladera de la colina, está la Iglesia Rupestre de Budapest. Es una pequeña cueva con una gran cruz encima. La cueva es dirigida, desde sus comienzos, por la Orden de los Monjes Paulinos. Con sus paredes cubiertas de hormigón, la iglesia ha perdido parte de su encanto, aunque mantiene una gran sencillez, sin ostentosos y dorados adornos. En 1951 la orden fue acusada de traición y el gobierno comunista prohibió el culto en la iglesia y tapió su entrada, permaneciendo cerrada hasta 1989. En su interior se encuentra una copia de la Virgen Negra de Czestochowa (Polonia) y una pintura de San Kolbe, monje polaco que dio su vida por la de otros prisioneros en el Campo de Concentración de Auschwitz. La entrada al templo es gratuita y está abierta todos los días de 9.00 a 20.00. Esta prohibida la entrada a los turistas durante la misa, pero ¿y si me apetece ir a escuchar misa en húngaro? ¡Eso son cosas que no se viven todos los días!

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En la cima del Monte Gellért se encuentran una estatua a la libertad y la Ciudadela. El único acceso es andando por diferentes senderos que hay en el monte. La estatua, que data de 1947, conmemora y agradece al ejército soviético la liberación del país oprimido por las fuerzas nazis. La Ciudadela fue construida aproximadamente en 1851 por los Hasburgo, después de la Revolución de los húngaros de 1848-49, para demostrar su control sobre el pueblo rebelde. Además de las increíbles vistas de la ciudad desde su mirador, la visita a la fortaleza de la Ciudadela es interesante porque en su interior encontramos un bunker de la II Guerra Mundial, de tres niveles, construido por el ejército nazi.

Cerca del Monte Gellért y también a las orillas del Danubio se encuentra la Colina de Buda, donde se localizan algunas de las construcciones más importantes de la ciudad, como el Castillo de Buda o Palacio Real. Puedes llegar en el autobús nº16 desde la calle Várfok, andando (¡a trabajar esos glúteos!) o con el Funicular “Budavári Sikló” (870fl. por trayecto; descuento ida y vuelta; horario 7.30-22.00h).

El Palacio Real ha sido testigo de numerosas batallas: el asedio turco (1541) e invasión (1686),  Guerra de la Independencia (1848-49) y la II Guerra Mundial. Durante este último conflicto, el castillo fue tomado por las fuerzas armadas alemanas como centro de operaciones y la edificación fue bombardeada por el ejército ruso. Como resultado, el Castillo de Buda ha sufrido numerosas reconstrucciones, que hacen que actualmente encontremos en la edificación un gazpacho de estilos arquitectónicos. Lo raro es que Calatrava no haya metido mano ahí todavía.

El castillo alberga tres museos y la Biblioteca Nacional Széchenyi: el Museo Histórico de Budapest, donde conocer la historia de la ciudad, a través de hallazgos arqueológicos y pinturas, además de admirar las salas del palacio y las obras de arte (horario de martes a domingo, de 10.00-16.00 (de noviembre a febrero); de martes a domingo, de 10.00-18.00 (de marzo a octubre). El precio es de 1500 forint (unos 5€) o 750 forint para estudiantes), el Museo Ludwig que incluye obras de Picasso, Warhol y Lichenstein (abierto de martes a domingo de 10.00-20.00) y la Galería Nacional Húngara, que es uno de los museos más grandes del país cuya colección contiene más de 6.000 pinturas, 2.100 estatuas, 3.100 monedas, 11.000 dibujos y 5.000 estampas (abierta de  martes a domingo de 10.00-18.00 y el precio es de aproximadamente 1200 forint (4€)).

Por su parte, la Biblioteca Nacional de Hungría podría decirse que comenzó a gestarse en 1802 cuando Ferenc Széchényi, patriota húngaro, cedió a la nación una gran colección de libros. Posteriores donaciones empezaron a dar forma a esta biblioteca. Su entrada es gratuita y el horario es el siguiente: cerrado los lunes, de martes a viernes de 09.00-21.00, sábado de 10.00-20.00; cerrado en agosto.

En los alrededores del Castillo encontraréis numerosas callejuelas con arquitectura medieval y barroca, así como hermosos edificios del siglo XIX. En una de esas calles con encanto, exactamente en la calle Uri (Uri utca), se encuentra la entrada al Laberinto de Buda. Se trata de un conjunto de cuevas naturales, túneles y manantiales, que fueron creados por la acción y erosión del agua del manantial sobre la roca calcárea de la colina. El laberinto recorre unos 1200 metros del interior de la colina de Buda desde hace millones de años, cuando ya el hombre prehistórico se refugiaba entre sus paredes. A lo largo de los años ha sido cámara de tortura, cárcel, bodega de vino, “caja fuerte” en la Edad Media, búnker, hospital militar y refugio secreto ya en el siglo XX. El precio de la entrada son unos 2000 forint/1500 forint. Y para los que no tengáis miedo a la oscuridad, a partir de las 18.00 el recorrido se hace con la iluminación de una pequeña lámpara de aceite que te dan al entrar ( y no es que ilumine demasiado…).

Continuando el recorrido por la Colina de Buda, llegamos a  la Plaza de la Santísima Trinidad, en la que se alza la hermosa Iglesia de Matías (tu otra iglesia, y cada día la de más gente). Oficialmente se llama Iglesia de Nuestra Señora, pero es conocida por Iglesia de Matías por el rey húngaro Matías Corvino, quién en 1470 restauró y reformó la iglesia. La edificación data del siglo XIII durante el reinado del Rey Béla IV.

La Iglesia ha sufrido numerosos cambios a lo largo de su historia. Con la invasión turca en 1541, fue convertida en mezquita y sus paredes se pintaron con fragmentos del Corán. En 1686 sufrió el Asedio de Buda. Y ya en el siglo XX, las fuerzas alemanas utilizaron el edificio como cocina, mientras que los rusos lo usaron como establo (iglesias multiusos, próximamente en su bazar más cercano).

Lo que más llama la atención de la Iglesia son sus azulejos multicolores del techo. Su forma y estilo neo-gótico actual se debe a Frigyes Schulek, quien se encargó de su reconstrucción a finales del siglo XIX. El arquitecto dejó al descubierto restos de pinturas medievales en la pared, bóvedas y estatuas. Detrás del altar se encuentra la entrada al Museo de la Iglesia, desde donde se accede a las criptas subterráneas, a la capilla y a las joyas, como una réplica de la corona húngara. El interior está decorado con obras de dos importantes artistas húngaros del siglo XIX: Károly Lotz y Bertalan Székely.

El precio de la entrada es de 750 forint/500 forint (2,5€/1,5€) y el horario de visita es de 9.00-17.00 de lunes a viernes, 9.00-13.00 los sábados y de 13.00-17.00 los domingos. Más información en la página web de la Iglesia de Matías

Justo detrás de esta iglesia se encuentra el famoso Bastión de los Pescadores; es una terraza de estilo neogótico y neorrománico que fue diseñada, al igual que la iglesia, por Frigyes Schulek a finales del siglo XIX. Además la terraza conecta con un sistema de escaleras, ideado por el mismo arquitecto, que antiguamente accedían desde el Danubio hasta la colina. La construcción cuenta con 7 torres que representan las 7 tribus magiares que llegaron a Hungría en el año 896. Su particular nombre proviene de que su emplazamiento era el lugar donde en la Edad Media se encontraba el mercado de pescado. Los pescadores eran los encargados de la defensa de esa parte de la fortificación de la colina. Su construcción en el siglo XIX ya no tenía nada que ver con la función defensiva, pero en conmemoración, el mirador tomó su nombre actual.

Al bajar de la colina (esta vez andando) nos dirigimos por la orilla del río al imponente Puente de las Cadenas, el más antiguo de los 8 puentes que unen Buda con Pest. Durante más de 600 años, Buda y Pest funcionaron como dos ciudades totalmente independientes; la gente cruzaba el río en barco y en invierno se podía andar sobre el agua congelada. Pero las dificultades eran grandes y en 1839 comenzó la construcción del puente, promovida por el conde István Széchenyi. Fue un proyecto del inglés Tierney William Clark, y las obras fueron supervisadas por su hermano, Adam Clark. Finalmente el puente fue inaugurado en 1849; destruido durante la Segunda Guerra Mundial, fue re-inaugurado en 1949, con motivo del centenario de su construcción.

En medio del Danubio (no se si pertenece a Buda o a Pest) se encuentra la “Isla Margarita”, muy cerca del puente de las cadenas, y es el lugar perfecto para pasear, correr, montar en bicicleta o alquilar una especie de coche a pedales que en Budapest se llama: Bringóhintó. Su vegetación es muy abundante y hay mucho césped para descansar; realmente apetece estar todo el día en esta isla tan curiosa.

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Y ahora que ya tienes una ligera idea sobre la capital de Hungría, ¿con que parte de esta ciudad te quedas?

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Soy un apasionado de los viajes y la comedia. Licenciado en Economía y Administración de Empresas, Máster en Marketing y Comportamiento del Consumidor y Máster en Dirección en Marketing y Gestión Comercial por ESIC Business & Marketing School, compagino mis trabajos en marketing, con shows de monólogos e improvisación.


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