Blog de viajes con un toque de comedia ;)

3 días en Dublín y su Festival Internacional de Improvisación

El pasado 8 de noviembre de 2014, inicié un viaje 3 días en Dublín, con la intención de visitar a mis amigos Miguel y Ana que se encontraban trabajando en la capital de Irlanda, como dos españoles más que han tenido que salir de nuestro país para poder buscarse la vida. Por un lado me da pena que mis amigos tengan que salir de España a labrarse un porvenir, pero por otro me alegro de la posibilidad que me brindan de visitarlos y poder conocer otros destinos (a sus padres seguro que no les hace tanta gracia este consuelo mío).

Por el mes de septiembre encontré una de esas superofertas que lanza la compañía de vuelos low cost conocida por todos y de origen irlandés (tengo que ser así de sutil para no hacer publicidad de Ryanair), consistente en un vuelo de ida y vuelta por 40 €. No dudé ni un minuto en comprarlo y al instante avisé a mis compañeros de que iría a visitarlos con jamón en la maleta.

El viaje duró unas tres horas y desafortunadamente no puedo hablar del impacto que produce aterrizar en Irlanda rodeado completamente de un verde esmeralda, tal y como leerás en otros blogs de viajes, ya que llegué a unas horas en las que no quedaba más que intuir que ahí fuera había campos de un verdor casi radiactivo.

Llevaba mi itinerario para llegar desde el aeropuerto de Dublin, situado en la localidad de Collinstown, hasta el centro de la ciudad, bien aprendido. Al salir de la Terminal 1 (el aeropuerto de Dublin tiene dos terminales), cruzas un edificio que se encuentra justo enfrente y al llegar a una zona de aparcamientos a la derecha, estás los autobuses amarillos de la compañía Dublin Bus. Es muy importante llevar el dinero justo pues no dan cambio y desconozco el porqué. El caso es que subí al bus número 16, con un coste de 3,05 euros y me bajé en la parada de Redmond’s Hill, situada en Aungier Street, unos 45 minutos después.

La verdad es que la zona es bastante céntrica y en la calle Camden Street que conecta con Aungier Street hay bastantes pubs y restaurantes donde cenar. Esa noche, tras ser recibido por mis anfitriones, organizamos el plan para el día siguiente: una escapadita al valle de Glendalough, situado en el Parque Nacional de las Montañas de Wicklow.

lago en glendalough irlanda

Situado a unos 50 km al sur de Dublin (60 min), optamos por alquilar un coche para llegar hasta allí. El coste del vehículo fue de unos 30 € a los que hubo que sumarle unos 10 € por la gasolina. Hay que recordar que en Irlanda se conduce por la izquierda, por lo que el hecho de conducir un vehículo por estas tierras se puede considerar una actividad de aventura extrema a realizar en una escapada a Irlanda. Sobre todo en los cruces de carreteras, la lucha entre tu instinto y tu mente es digna de un documental para el programa de Punset.

En el valle de Glendalough hay un centro de recepción de visitantes donde puedes informarte de la historia del lugar, así como de las diferentes actividades que puedes llevar a cabo en el mismo. Nos hicimos con un mapa de las diferentes rutas de senderismo y nos pusimos a caminar alegremente por el campo.

glendalough centro de recepción de visitantes

Justo al lado del centro de recepción de visitantes del valle de Glendalough, se encuentra un monasterio del siglo 6, correspondiente a un asentamiento de los primeros cristianos en Irlanda. La zona se encuentra plagada de antiguas tumbas, iglesias de piedra prácticamente derruidas y una torre de 30 metros conocida como The Round Tower.

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Desde este lugar, nuestro paseo duró alrededor de una hora, caminando entre una intensa arboleda, cascadas de agua y los dos lagos que dan nombre al lugar (Glendalough significa “valle entre dos lagos”).

Este rincón del Parque Nacional de las Montañas de Wicklow es un verdadero paraíso natural y un lugar donde muchos irlandeses pasan sus fines de semana, pues la verdad que había bastante gente caminando por los senderos o practicando ese deporte llamado “running” que esta últimamente tan de moda (lo que ha sido “salir a correr” toda la vida).

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De vuelta a Dublin paramos en una localidad llamada Roundwood a comer en un restaurante justo al lado de la carretera llamado Heather’s. Degustamos una hamburguesa que no cabía en la boca de lo grande que era y que estaba buenísima por 11,5 € con refresco. ¡Delicious!

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Por la noche dimos un paseo por la ciudad para disfrutar de los conciertos callejeros y de los pubs con sus pintas a 5 – 6 euros, antes de irnos a dormir.

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Al día siguiente Miguel y Ana trabajaban por lo que me tocaba visita solitaria. En estos casos, lo mejor es hacer un tour guiado por la ciudad, tanto para ver los principales lugares de interés como para conocer la historia de la misma, así que opté por realizar un tour gratuito por Dublin con la compañía SandemansEl punto de reunión es la plaza que hay justo al lado del City Hall, desde donde parten estos tour gratuitos a las 11:00 y a las 14:00.




Supongo que el recorrido es para todos los grupos el mismo, pero el que llevé a cabo por el guía Álvaro, un madrileño instalado en Dublin, que demostró con su entusiasmo verdadera pasión por esta ciudad, fue el siguiente: del City Hall al Castillo de Dublin (un castillo feo y raro), pasando posteriormente por la zona baja del castillo que le da nombre a la ciudad “Dubh Linn” (laguna negra…,si, esta relacionado con la cacota), la biblioteca Chester Beatty, creada con la colección de documentos donada por el magnate minero del mismo nombre, visitable gratuitamente y con una cafetería donde te sirven el mejor café que puedes encontrar por Dublín, o por lo menos el que más se le parece, las murallas medievales de Dublín, donde contrastan unos edificios multicolor que rompen la estética de la ciudad, la Catedral de la Santísima Trinidad, la más antigua de las dos catedrales protestantes de Dublín (la otra es la de Saint Patrick, patrón de Irlanda), el Dublín Georgiano, visible en la arquitectura de las fachadas de las casas y en las puertas multicolor (una de las leyendas dice que los habitantes decidieron pintar las puertas de un color distinto al de sus vecinos para reconocer su casa en caso de volver a la misma en un estado de embriaguez considerable), el poblado Vikingo, o mejor dicho el parque que hay ahora, ya que el Ayuntamiento de Dublín optó por instalar su edificio en este lugar, destruyendo esta parte de la historia de la ciudad (no solo en España hay políticos nefastos), el barrio Temple Bar, uno de los más pintorescos de la ciudad plagado de rincones culturales y pubs, donde la mitad de sus establecimientos son propiedad de Bono, el cantante del grupo U2. Finalmente el recorrido acaba en el Trinity College, el campus de la Universidad de Dublin, donde entre sus distintos edificios, quizás el que más destaque sea la biblioteca para cuyo acceso tienes tres opciones: pagar 10 €, lo que sería la entrada normal, pagar 5€ si llegas 20-15 minutos antes del cierre (evidentemente te da para un rápido vistazo y hacer un par de fotografías), o pagar 0€ si convences a un estudiante de la Universidad para que te acompañe hasta la biblioteca y presente su carnet de estudiante ya que con el mismo se permite el paso por día hasta dos personas no relacionadas con la Universidad. Información regalada en última instancia por el tito Álvaro 🙂

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Realizar este tour merece la pena, tanto por el precio, que al final tu mismo pones, como por la información que recibes. Y si te encuentras solo, como era mi caso esa mañana, es una forma de pasarla acompañado ;).

Durante mi estancia en Dublín se estaba llevando a cabo el Festival Internacional de Improvisación de Irlanda (Improv Fest Ireland) en un local llamado el Teacher’s Club Theatre ubicado en Parnell Square West en el número 36. El edificio me llamó mucho la atención porque era una especie de centro cultural donde se realizaban multitud de actividades con un bar/cafetería propio muy acogedor y donde la cerveza estaba muy barata en comparación con los pubs de la ciudad: una pinta de Carlsberg o Heineken te salía por 4,3 €.

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Estuvimos viendo un par de shows de los que me enteré de la mitad de lo que decían, pero estuvo divertido. Participar en algo así en otro idioma y ver como se interpreta la impro de manera distinta a la que a ti te han enseñado te permite comparar y quedarte con lo que consideras más interesante para el espectador.

La mañana siguiente tenía reservado bien temprano una de las visitas por excelencia si viajas a Dublín: la fábrica de la cerveza Guinness. Independientemente de si te gusta o no te gusta esta cerveza, debes visitar la fábrica de Guinness, no solo por el hecho de ser historia viva de Irlanda y de aprender sobre la contribución de la marca al desarrollo del país, si no porque se trata de un museo interactivo donde te lo vas a pasar genial y donde descubrirás cosas muy interesantes sobre el mundo de la cerveza en general y sobre Guinness en particular.
Adicionalmente debo de decir que esta cerveza especialmente no me gusta, pero sabe diferente cuando te la bebes en Irlanda, por lo que te invito a probarla. Tiene una espuma que alimenta.

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Compre mi entrada a través de su página web donde existen diferentes tarifas. Adquirí la más barata por 14,4 € que tenía la restricción de horario de entrada de 9:30 a 11:30, pero acabo de consultar la web y no aparece esta modalidad, por lo que probablemente hayan modificado sus tarifas para el año 2015.

La entrada incluye la visita al museo interactivo, audioguía y una invitación a una pinta de Guinness que puedes canjear en uno de tres lugares distintos del edificio: en la planta cuarta, donde te enseñan a tirar una pinta de cerveza y posteriormente te expiden un certificado como profesional en servir cerveza Guinness y que puedes adjuntar a tu curriculum (las empresas se darán de ostias por tener a alguien como tu entre sus filas), en la planta quinta, en uno de los restaurantes con diferentes temáticas que allí puedes encontrar, o en la siguiente y última planta del edificio (mi recomendación), donde se encuentra el Gravity Bar, un mirador de 360º donde disfrutar de tu pinta de Guinness es un verdadero lujo.

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Al salir de la fábrica y de camino a casa me cayó encima un aguacero que me hizo recordar donde me encontraba y es que lo de la lluvia en Irlanda no se yo hasta que punto podría soportarlo. Supongo que como todo, al final es acostumbrarse.

Las últimas 24 horas se limitaron a comprar algún regalillo, en las tiendas Carroll’s (no vas a encontrar otra tienda con mas marranaicas para comprar algún detalle), y a visitar pubs por el Temple Bar y por Camden Street que nos cogía más cerca. En esta calle, justo antes de coger el autobús en dirección al aeropuerto, almorcé en un local muy pequeño llamado Yum Yums, una mezcla entre restaurante y tienda de venta de productos naturales y artesanales. Una sopa de pimientos y un sandwich muy rico por unos 8 euros.

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Dublin mola. No es una ciudad que te vaya a sorprender por su arquitectura, pero su historia es muy interesante y el ambiente de sus calles y pubs espectacular. Hay música por todas partes y se siente un respeto hacía el artista como en pocos lugares que haya visto. Dublin es para disfrutar de sus gentes (muy amables y hospitalarios por cierto, que no había comentado aún nada de los irlandeses), la cerveza y de la música. Y ahora que conoces que allí se realiza un festival de improvisación, un motivo extra para visitar esta ciudad. El próximo está previsto para el 15 de noviembre de 2015, así que tienes tiempo para preparar el viaje.

Antes de despedirme, muchas gracias a Ana y Miguel por su hospitalidad, por permitir que me comiera sus galletas, por el pollo con almendras de Ana y por las zapatillas que me prestó Miguel para poder volver a Madrid, pues las mías aún eran esponjas tras el chaparrón que me cayó.

PD para sus madres: los dos están allí más agusto que en brazos 😉

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Soy un apasionado de los viajes y la comedia. Licenciado en Economía y Administración de Empresas, Máster en Marketing y Comportamiento del Consumidor y Máster en Dirección en Marketing y Gestión Comercial por ESIC Business & Marketing School, compagino mis trabajos en marketing, con shows de monólogos e improvisación.


2 thoughts on “3 días en Dublín y su Festival Internacional de Improvisación

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